miércoles, 27 de marzo de 2013

Miradas


"Qui no entén una mirada, no entén una llarga explicació"
Proverbio catalán

Como por cada contra hay un pro, por cada refrán hay siempre uno que lo contradice. Como por ejemplo, a quién madruga Dios le ayuda, y su contrario, no por mucho madrugar amanece más temprano. Pero la paradoja de los proverbios sobre el tema que hoy nos ocupa es la siguiente:
La cara es el espejo del alma.
Las apariencias engañan.

Sí, las apariencias engañan pero los ojos no. La mirada es el reflejo más veraz de nuestro estado tanto físico como anímico. Las ojeras muestran siempre el cansancio aunque el ojeroso se haga cien flexiones para demostrar lo contrario. El brillo muestra la alegría, el tono amarillento la mala salud...
Los ojos, el acusador que no podemos cubrir, por mucho que sonrías los ojos dirán si has llorado.

Yo, que soy radical en conceptos, y muy maniático, hay cosas que me condicionan a la hora de conocer a una persona, pequeños detalles, pero que tienen muchísima importancia en cuanto al examen que hago de la persona en cuestión. El primero es cómo da la mano, si lo hace firme o débil, con que inclinación tiende la mano, si es hacia afuera o hacia adentro. Y otra, quizás más importante que la primera, son sus ojos: trato de mirar siempre a los ojos de mi interlocutor, y espero lo mismo. Una persona que no mira a los ojos, siempre me da la sensación de que oculta algo.

Igual que no hay dos huellas digitales idénticas, no hay dos ojos iguales, incluso dentro de la cabeza del portador en cuestión. Cada ojo es un mapa único e inimitable. Lo más común son los ojos marrones, pero cada uno con una tonalidad distinta, los más raros son los de colores inusuales como los violetas de Liz Taylor, hay quien le gustan los ojos verdes, el embrujo gitano de los ojos negros, o la fría inaccesibilidad de los preciosos ojos azules. Pero todos ellos son portadores de la verdad de nuestros sentimientos.

Mira a una persona a los ojos y sabrás casi todo lo que has de saber de ella. Por que es una parte de nosotros que no somos capaces de controlar. Los ojos inquietos pueden revelarnos cosas distintas, desde que es muy observador a que no está cómodo en el momento/contexto en el que esta. Los ojos tranquilos y serenos nos muestran seguridad, casi sabiduría. Los ojos nos traicionan y revelan las verdades cuando nuestras bocas dicen las mentiras.

La mirada, chivata por excelencia!!! nos descubre cuando miramos a alguien con deseo, con cariño, con rabia, con desdén, con indiferencia, con odio, con ternura, con cualquier sentimiento que el que nos queramos identificar en un momento dado. Pero si hay una mirada que llama la atención por brillante, por despiadada, por cruel, es aquella cuando nos hemos sentido agraviados por algún motivo, lo que se suele llamar una mirada que mata.

Hay gente que no acepta una de las partes más bonitas de la vida, o que simplemente le dan la espalda, hablo ahora del romance. Yo ya he perdido la práctica, pero en su día fui un conquistador (ahora vienen las risas) y no es mentira!!! Y una de las cosas que más me gustaban al comienzo de un romance eran los juegos de miradas. En ellos se veía perfectamente (para el que supiese o quisiese leer) las intenciones de ambos jugadores. En la mirada de una mujer veía todo. Si estaba interesada o no, si quería hablar o no, o si hablar era lo que menos la importaba. En las pupilas esta el deseo y en la cornea el mensaje (ole, el pedante) pero cuando quería seducir, mi primera arma era la mirada, una que no engañaba a nadie y que con poco esfuerzo se veía a la legua, la mirada de "esta-noche-tu-serás-mía". Anda que no ha llovido desde entonces!!!

Como no podemos llevar gafas de sol a perpetuidad, sugiero que mintamos menos, porque queda casi demostrado que en los ojos está la verdad, mucha más que en nuestra boca. Así que buenas noches por hoy, y ya nos veremos!!!

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