"Tengo un beso que estuvo esperando por una despedida
y otro que sueña ser recordado de por vida"
Roque Valero
Hoy tengo uno de esos días tontos tan míos y curiosamente no hay luna llena. Me siento tristón, melancólico, escondido dentro de mi mismo. Así que hoy tengo, y no por venganza, la intención de contagiar mi tristeza con cargos atenuantes de premeditación y alevosía, porque no voy a sacaros solo sonrisas en este blog. Aquí trato de compartir de todo. Pero claro, hace cosa de un mes ya publiqué "Pathétique" sobre canciones tristes, así que hoy he buscado algo para darle salida a mis sentimientos, y curiosamente me he percatado que muchas de las canciones tristes por antonomasia comparten temática: las despedidas.
Tras una larga meditación de no más de cero coma tres segundos me he dicho, claro!!!, ha nadie le gustan las despedidas. Son situaciones tristísimas, y la mayoría de las veces injustificadas porque acabaremos reencontrandonos, pero a todos nos cuesta decir "adiós". Buscando en mi cabeza la mejor despedida de la historia puedo recurrir al epitafio de uno de los más grandes de todos los tiempos: "Aquí yace Molière, el rey de los actores. En este momento hace de muerto y la verdad es que lo hace muy bien". O puedo ponerme serio e ir a la mejor despedida de la historia del cine: Casablanca.
"Siempre nos quedará Paris" se decían Rick y Elsa, en el hangar del aeropuerto de Casablanca, pero la escena de la estación de tren me parece aún mejor. Si alguien no sabe como es la escena, que remedie de inmediato tan grave crimen como no haber visto una de las mayores joyas del celuloide. Y es que las estaciones de tren tienen algo de melancólico, creo que es uno de los sitios que más despedidas ha escenificado, y la mayoría muy, muy tristes.
Despedirse de alguien al que quieres siempre es difícil, y aunque la esperanza de volver a verse entra en escena segundos después de la partida, una vez se ha recobrado la presencia de espíritu, se han secado las lagrimas y sonado los mocos, ese momento en el que se ha dicho la maldita palabra, pesa en el alma como una losa.
En esa escena de despedida en una estación siempre nos quedamos con la cara de desolación del que se queda en el andén hasta que el tren se ha perdido de vista. Pero nos paramos a pensar en el que se va? quizás por motivos de trabajo, por situaciones de familia o por motivos más oscuros, el que está solo en el tren está abandonando todo lo que significa algo para él, su casa, su familia, sus amigos, su ciudad.
Uno de los motivos más tristes en una despedida es cuando hay una separación de por medio. Ay amigo!!! que momento. Una de las partes decide buscar fortuna o una nueva forma de vida lejos de todo lo que ha sido su mundo, el de los dos, sintiendo el dolor de la despedida hasta el tuétano.
Claro que no todas las despedidas tristes han de ser por motivos de pareja. Ahora que en nuestro país, y casi en cualquier país, vivimos una época terriblemente convulsa por la crisis y añoramos los tiempos de tranquilidad socio-económica, nos despedimos irremediablemente de aquello que una vez tuvimos y dudamos que volvamos a tener, esperando con sinceridad que la cosa no torne a peor.
Y ya que he conseguido dejar la estación de marras detrás, ahondaré en una despedida aún más patética: el adiós a la vida. Tres maneras de abordarlo, tres canciones seleccionadas. Imaginaos lo desesperado de las últimas horas de un condenado a muerte (independientemente de sus crímenes ya que yo estoy radicalmente en contra de la pena capital), debe de ser algo donde el superlativo de triste no alcanza para englobarlo.
Joder que noche llevo, pero es que una cosa me lleva a otra y irremediablemente el tema del último y definitivo adiós es quizás el más doloroso de todos. Yo por desgracia le he dado mi adiós a gente que por enfermedad se ha ido, y es una sensación horrorosa.
Y por desgracia también me he despedido de gente que ha optado por dejarlo todo por cuenta propia. Fue su voluntad y hay que respetarla, pero no por ello compartirla y aceptarla. No creo que sea la solución, pero buscando, curioso como soy (que no morboso), he leído alguna carta de suicidas y es lo más horrible que he leído en mi vida dejando a Poe o a King a la altura del betún. Eso si que es un doloroso adiós y lo demás son tonterías.
Creo que por esta noche ya me he pasado. Lo que empezaba como algo melancólico ha terminado como una total tragedia griega. Así que por hoy lo dejo. Pero hay que dejarlo con por lo menos una sonrisa en una noche tan oscura.

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