viernes, 15 de febrero de 2013

De Viaje


"El que no sale nunca de su tierra, está lleno de prejuicios"
Carlo Goldoni

Cuatro y media de la mañana. Deposito lleno. Maletas, neceser, guitarra, todo en el maletero. Los niños adormilados en sus asientos de atrás están casi tan nerviosos como yo. Hemos ido todos al baño, me he tomado mi dosis de cafeína, ¿las llaves?¿he cogido las llaves? las tengo. Anda que si a medio viaje me doy cuenta que no las llevó sería tirar el madrugón por la letrina!!!! Importante, los discos. Todos listos... vámonos!!!

Aunque mi mujer protesta por levantarnos tan temprano, a mi me encanta salir de madrugada, de esta forma evito el tráfico horrible de la ciudad de Madrid. Aunque no tengo prisa ninguna, no me gusta correr en carretera, y es noche cerrada con lo que no puedo admirar paisaje ninguno, cojo el camino más lógico:

Los niños se han quedado sopa con el run-run de mi lata con ruedas. Aún recuerdo cuando era yo el que iba en el asiento de atrás, de vacaciones con mis padres. Como me gustaba, la idea del viaje, y sobre todo, que se había terminado el cole:

Conducir de noche es genial, ya que tienes toda la carretera para ti y casi nadie te molesta. Pero como yo, piensan otros que aprovechan la escasez de tráfico para poner a tope el motor de su coche dejando su vida en las manos del riesgo, y lo que más me molesta, también la mía.

Llevo una hora y media de viaje y va a amanecer en poco tiempo. Hago mi tradicional parada para una segunda dosis de cafeína, estirar las piernas y echarme un cigarrito ya que con los niños no fumo dentro del coche. Me encanta ver el amanecer desde la carretera, es un momento en el que te sientes totalmente libre, descargado de cualquier preocupación, con total libertad de movimientos; puedo ir a donde me de la gana y siguiendo el camino que más me apetezca. Es el clásico momento para un momento clásico:

Qué bonito es viajar, conocer culturas distintas, disfrutar de otros paisajes, otras gastronomías...viajar enriquece tanto al viajero, que vuelve como una persona distinta, avanzada, como un pokemon evolucionado. Hasta tal punto que cuando vuelve de viaje, además del odioso síndrome post-vacacional, los primeros días uno se siente un poco fuera de contexto en tu mundo cotidiano. Descartes lo dejó más claro que yo: "el que emplea demasiado tiempo en viajar acaba por tornarse extranjero en su propio país":

Ahora que ya hay luz del día, dejo la autopista para entrar en carreteras secundarias para disfrutar de las vistas como si estuviese protagonizando un anuncio de BMW. Disfrutar de los llanos, de las montañas, de los prados, de los páramos y mira:

He tenido que dejar el rock porque mi mujer no aguanta más por muy bajo que lo ponga. Aprovecho la genial excusa de que entre las montañas no consigo sintonizar "Europa FM", que gozada. Además me niego en rotundo a escuchar esa basura de "Light House Family", así que busquemos algún disco en común, The Eagles, es la opción más segura:

Aunque entre estos tipos de California y el madrugón tengo riesgo de somnolencia. Un último café para el tramo final de trayecto y pongamos algo un poco más movido por favor:

Mientras he escrito mi entrada de hoy, me saboreado esos momentos de cuando me voy de viaje, y ahora pensando que todavía me queda unos cuantos meses hasta que llegue a mi pequeño paraíso en mi adorada Cantabria me despido con el recuerdo de la paz que me inunda cuando salgo a la terraza y contemplo la inmensidad del océano, sin pensar en absolutamente nada. Todos los problemas cotidianos quedan atrás y ni me planteo lo rápido que los retomaré, ahora solo estamos yo, y el mar:

Buenos días. 

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